Fomentar la colaboración y la cooperación, la co-creación y la inteligencia colectiva, potenciando el sentimiento de pertenencia y la creación de comunidades…
El quinto vector se refiere a lo colaborativo, lo cooperativo y lo común que, llevado a la acción, se convierten en co-creación o co-diseño. Significantes en auge que han colonizado las plataformas digitales, las dinámicas empresariales, el lenguaje de los ecosistemas de innovación y, cada vez con más fuerza, las propias instituciones públicas. Este tsunami cultural de lo compartido y lo multitudinario (crowd en inglés: crowdsourcing, crowdfunding, crowdlaw…) se explican por la concurrencia concomitante de dos fenómenos en la última década. En primer lugar, por la disrupción que supuso la web 2.0 que permitió pasar de una Internet para los usuarios a una Internet de la gente donde los ciudadanos dejaron de ser meros consumidores y se convirtieron también en productores (subiendo artículos, fotos, opiniones, vídeos…) inaugurando una nueva era en la que la utopía de la inteligencia colectiva, antaño quimérica por inviable, se volvía de pronto la forma más lógica de producción de contenidos.
En segundo lugar, el auge de lo CO_ se explica también por el agotamiento de la pulsión postmoderna, monopolizada ideológicamente desde hace décadas por el pensamiento único y sus correspondientes marcos mentales (individualismo, competición, mercado, mérito y evolución natural) que comenzó a dar señales de alarma conforme se desplomaban los mercados financieros en septiembre del año 2008. Aunque esta agenda mostró gran capacidad de adaptación, esos años de crisis sistémica dieron oxígeno a nuevas ofensivas éticas agrupadas bajo la épica de lo común, cargadas de energía civil indignada (Monge, 2017). De pronto, hacer las cosas en comunidad, refugiarse en el grupo, era la mejor terapia contra la sobredosis nihilista de la década. Los foros de internet, los grupos de redes sociales o whatsapp, se ponían al servicio de nuevas asociaciones informales, colectivos de afectados, asambleas y plataformas civiles, colectivos con nuevas identidades hasta hace poco invisibilizadas, comunidades de aficionados y amateurs, grupos de makers o de desarrolladores de software… todos ellos, por diferentes y minoritarios que fueran, se podían encontrar y organizar gracias a Internet y su larga cola (long tale).
Mientras esa revolución molecular sucedía, e Internet se convertía en una constelación de redes, esta generación 2.0 (que atraviesa a los últimos de la generación X, toda la generación Y –los milllennials- y la nueva generación Z) descubría un nuevo sentido de la vida en lo común, aunque ese común fueran universos digitales e interfaces que simulan lo real. De este modo, lo CO_ fue adquiriendo dimensión de espíritu de época permitiendo nuevas formas de membresía y adhesión para alimentar el sentimiento de pertenencia y la cultura de comunidad en un proceso de desconexión gradual de las grandes instituciones de intermediación tradicionales (partidos, sindicatos, Iglesia…). Razón por la cual, no son pocos los teóricos críticos que identifican ahora el capitalismo de plataforma y todas sus imaginativas formas de extraer renta, convirtiendo ese deseo social en commodities, como el clímax insuperable de lo postmoderno.
Sea como fuere, parece razonable afirmar que hemos transitado de las masas de las dos primeras revoluciones industriales, a las multitudes de la Era del conocimiento. O lo que es lo mismo, un viaje de la sociedad de masas y bloques a la sociedad red de los cuerpos dinámicos que vaticinó Manuel Castells a finales del siglo pasado.
La importancia de incorporar este vector en nuestro modelo en las instituciones rizoma se explica, dado lo anterior, de forma muy sencilla. Todas las herramientas y metodologías que asumen el enfoque de lo CO_ son eficaces recursos en nuestra tarea de construir comunidades y ecosistemas, aglutinando visiones compartidas y, en un estadio superior de perfección, un nivel de coordinación que alcance la propia sincronía. Es decir, la alineación de los nodos y las dinámicas hacia una misma dirección hasta el punto de que la propia multitud genera una unidad más productiva que la suma de las partes. Quizá, la definición más bella de inteligencia colectiva.
En definitiva, buscamos en la comunidad: cuidados, lazos y afectos (Fernández, 2018; Savazoni, 2018). O, incluso, una verdad entre todos (Lafuente, 2019). Y yendo más allá, superando la concepción humanista del mundo desde el pensamiento indígena, una cosmovisión relacional que nos conecte a la Pachamama (Escobar, 2011).
Es una metodología de trabajo desarrollada por PNUD y otras organizaciones para sistematizar el diálogo y otras prácticas de consenso, está enfocada a los responsables políticos y los actores clave, así como a articular mejores relaciones entre instituciones y sociedad.
Es un método de financiación colectiva, por el cual a través de una plataforma los usuarios pueden invertir micro donaciones en un proyecto. Existe un modelo de crowdfuding para instituciones, o matchfunding, donde la institución dobla lo recaudado mediante micro donaciones.
Es un cambio de modelo organizativo que pretende incorporar a todas las partes (stakeholders) de la cadena de valor en el proceso de creación. De esta manera, un gobierno dejaría de considerar a sus proveedores, ciudadanos, agencias asociadas… partes pasivas de su proceso de
provisión de servicios, sino sujetos activos de toda la cadena.
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¿Cómo son las organizaciones que innovan en modo Co?
Nuestra organización es, con carácter general, bastante horizontal, no está fuertemente jerarquizada. Todos los miembros de la organización tienen mecanismos para expresar y aportar sus ideas.
Los despachos de los jefes -si los tienen-están abiertos a la mayoría de los miembros de la organización. Tenemos identificado todos los actores que influyen en nuestra organización (stakeholders) como proveedores, usuarios o clientes, agencias colaboradoras… y les integramos en la definición de nuestra visión. Conocemos y practicamos técnicas de co-creación en los equipos. No solo estamos abiertos a escuchar a nuestros usuarios, sino que realizamos actividades que les implican directamente en el diseño colaborativo de nuestros proyectos. Los cambios de nuestra organización son, con carácter general impulsados con una perspectiva buttom up (de abajo a arriba) y no al contrario (top down) Como la mayoría del equipo participa de los procesos de ideación, todos comparten la visión de la organización, la sienten como suya. Existe cierto sentido de comunidad en la organización, sentimiento de pertenencia, incluso, orgullo de formar parte del proyecto. Si por una eventual situación, surgiera una crisis que hiciera peligrar alguno de los proyectos más importantes de la organización, existiría una reacción de defensa y protección de los miembros de la organización. Se puede afirmar que existe sincronía entre los miembros y los equipos de la organización. Se trabaja de forma coordinada.
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